UPC APUESTA POR LA HUMANIZACIÓN DE LA ATENCIÓN JUNTO A TEACAN
La visita de Tasha, una perrita entrenada para intervenciones terapéuticas, permitió que pacientes críticos, familias y funcionarios vivieran una jornada distinta, demostrando que el cuidado de la salud también considera las emociones, la compañía y el bienestar de las personas.
En una Unidad de Paciente Crítico (UPC), los monitores, ventiladores mecánicos, bombas de infusión y procedimientos complejos forman parte de la rutina diaria. Sin embargo, detrás de cada cama hay una persona con historias, emociones y necesidades que van mucho más allá del tratamiento médico. Con esa convicción, la UPC impulsó una innovadora jornada de humanización de la atención junto a TEACAN, corporación dedicada a desarrollar intervenciones asistidas con perros especialmente entrenados.
Una iniciativa gestada con rigor clínico
La actividad nació de la jefatura de la Unidad de Paciente Crítico, Dra. Natalia Gil, quien junto al apoyo de la terapeuta ocupacional Valentina Lobos y el kinesiólogo coordinador Francisco Castro, gestionaron el vínculo con TEACAN para concretar esta primera experiencia en la unidad.
Antes de la visita se realizó una reunión de trabajo en la que el equipo de TEACAN presentó su proyecto, explicó el fundamento terapéutico de las intervenciones asistidas con animales y resolvió las dudas del equipo clínico. Luego, la actividad se planificó cuidadosamente considerando criterios clínicos, de seguridad y de prevención de infecciones, para garantizar una experiencia segura para todos los participantes.
Esta fue la primera vez que un perro entrenado para terapias ingresó a la UPC. Con todo, la unidad ya tenía experiencia en iniciativas de humanización: fue pionera en elaborar un protocolo que permite, bajo estrictos criterios clínicos y de seguridad, la visita de las propias mascotas de los pacientes hospitalizados. Este protocolo contempla medidas de prevención de infecciones, evaluación clínica y resguardo de la seguridad de pacientes y funcionarios, demostrando que la humanización puede desarrollarse con el mismo rigor que caracteriza la atención de alta complejidad.
Tasha, un puente hacia la emoción y el bienestar
La protagonista de la jornada fue Tasha, una labrador retriever negra de ocho años, entrenada para realizar intervenciones terapéuticas. Con su inteligencia, personalidad juguetona y cariñosa, conquistó rápidamente a pacientes y funcionarios, transformándose en un puente para la comunicación, la emoción y el bienestar.
Cerca de ocho pacientes de UCI y UTI, previamente seleccionados por cumplir los criterios clínicos establecidos, participaron en la actividad. Cada uno de ellos, junto a sus familias, fue informado con anticipación sobre la intervención y aceptó participar. Quedaron excluidos los pacientes en condiciones como aislamientos por microorganismos de importancia epidemiológica o inmunosupresión, entre otros criterios definidos por el equipo clínico.
Durante la visita, los pacientes pudieron acariciar a Tasha, cepillar su pelaje, alimentarla, aplicarle crema en sus patas, colaborar en su higiene dental y conversar con ella. Más que simples actividades recreativas, cada interacción buscó estimular la comunicación, disminuir la ansiedad, favorecer el bienestar emocional y romper, aunque fuera por algunos minutos, la rutina de una hospitalización prolongada.
Un momento significativo para pacientes y equipo de salud
Para muchos pacientes —algunos hospitalizados desde hace varios meses— la visita representó un momento profundamente significativo. Se observaron sonrisas espontáneas, expresiones de emoción y recuerdos de las mascotas que forman parte de sus familias. En varios casos, la presencia de Tasha facilitó la comunicación y permitió que los pacientes manifestaran emociones que habitualmente permanecen ocultas tras la complejidad de la enfermedad.
La experiencia también llegó a quienes entregan cuidados en la unidad día a día. Médicos, enfermeras, TENS, kinesiólogos, auxiliares y la jefatura participaron activamente de la jornada. Por algunos minutos, el ambiente habitual de la UPC cambió: aparecieron sonrisas, conversaciones espontáneas y un espacio para compartir desde una dimensión distinta a la estrictamente asistencial. En un entorno de alta exigencia clínica y emocional, la actividad permitió disminuir el estrés y fortalecer el bienestar del equipo de salud.
Ciencia, seguridad y humanidad de la mano
Esta experiencia refleja una convicción compartida por la UPC: la excelencia técnica y la humanización de la atención no solo pueden coexistir, sino que se potencian mutuamente. Cuidar a un paciente crítico implica ofrecer tratamientos de alta complejidad, pero también reconocer sus emociones, su historia de vida y aquello que le entrega tranquilidad y esperanza.
Tras los positivos resultados obtenidos, la Unidad de Paciente Crítico ya tiene programadas nuevas visitas junto a TEACAN y proyecta extender este tipo de intervenciones a otros servicios del hospital, incorporando además una mayor participación de las familias. El objetivo es seguir construyendo una atención donde la ciencia, la seguridad y la humanidad avancen de la mano.
Porque, incluso en los momentos más complejos, una mirada, una caricia o el encuentro con un compañero de cuatro patas pueden recordar a un paciente que, antes que una enfermedad, sigue siendo una persona.
*Fuente Hospital y CRS El Pino







